Las 10 cosas que solo entiendes si no te gusta compartir cama para dormir

Los días son muy cortos. Te pasas la mayor parte del tiempo o trabajando o estudiando; el resto lo quieres para ti, para estar con tu pareja, con tu familia, amigos o ver una serie, leer o escuchar música. No obstante, cuando llega la hora de dormir, es tu momento. Son al rededor de las 12 de la noche y Morfeo llama a tu puerta. Le abres y lo besas; no quieres compartirlo con nadie más, es tuyo, de uso único y exclusivo de Doña Importante. Así que, decides que la mejor forma para dormir es quedarte sola con él sin que nadie te perturbe. Para ti, el sinónimo de descansar no es otro que dormir sola, porque sino, no consigues dormir. Te molesta todo y no eres capaz de conciliar el sueño, sino que, al revés, te pone todo de mala leche y te levantas de mal humor.

pareja en la cama

Qué mejor sensación que llegar a casa y ver cómo está el colchón blandito llamándote y diciéndote ‘te quiero’ ‘ven a por mi’. E incluso quieres estar sola para poder tocarte. Es tu momento. Disfrútalo. Por eso, si eres de esas personas que no soportan dormir acompañadas porque creen que ese es su máximo momento de relax e intimidad y es inquebrantable e inigualable, en este artículo seguro que te vas asentir muy identificada con la mayoría de los tips que te vamos a enumerar. No obstante, si eres como esas chicas que odian dormir acompañadas, aquí te traemos la lista de las 10 cosas que solo entiendes si no te gusta compartir cama para dormir:

1. Cuando una amiga o un amigo se queda a dormir en tu cama, aunque sea de matrimonio, no pegas ojo en toda la noche.

2. Si vienen a dormir a tu casa, antes que hacerles pasar por el mal trago de dormir en el sofá, como no te gusta dormir acompañada, prefieres dormir sola en el sofá fingiendo que te quedaste dormida viendo la tele.

pareja

3. Tu repertorio de excusas para no quedarte en casa de una chica (si eres una persona gay), de un chico (si eres hetero) o de ambos (si eres una persona bisexual), se agota.

4. Los dos son tus lados de la cama.

5. Salir con chicas o con chicos es tarea difícil para ti. Tu relación de amor es con la cama.

6. ara ti tener pareja es una tortura por tener que compartir cama.

7. Tu cama es un santuario y tus amigas y amigos no deben profanarlo.

8. No te da vergüenza tirar a una chica o a un chico con el que te hayas acostado de tu cama.

9. Sabes que cuando tu novia o novio se va de ella cama antes que tu, es tu momento de gloria.

10. Odias que te respiren en la cara al dormir y no entiendes como otras parejas pueden dormir abrazadas.

sociedad

La sociedad actual

Casos como Flick, Sellberg, Tragaperras, Caja de Ronda, Ferraz, Filesa, Naseiro, Cuiña, Casinos, Pallerols, La Caixa, Matas, Bárcenas, Eres de Andalucía… involucran a las más variadas formaciones políticas, así como a gobiernos nacionales y autonómicos de toda laya.Estos casos no nos dicen sino la verdad de nuestra historia “democrática”. Muchos de ellos revelan que la financiación ilegal de los partidos no constituye una excepción, sino la regla. Se trata de una corrupción estructural y no anecdótica, consistente en la oscura colaboración de poder político y económico, por la que no se gobierna en favor del interés general, sino en función del personal enriquecimiento, y cuyos nombres ominosos inundan hoy por hoy la vida pública: cohecho, receptación, malversación, delitos contra la hacienda pública…

El caso Bárcenas es paradigmático de esa corrupción propia del sistema de partidos, al cual llaman democracia y que –sabemos— no lo es. De entre los donantes que figuran en la contabilidad B de Bárcenas están cuatro constructoras: Sacyr, OHL, Ploder y FCC. Éstas gestionan a su vez hospitales públicos de la Comunidad de Madrid: Infanta Cristina de Parla (Sacyr), el Hospital del Sureste en Arganda del Rey (OHL), de Vallecas (Ploder) y hospitales de Torrejón y Sureste (FCC). El partido que otorgó estas concesiones a las constructoras fue, cómo no, el beneficiario de sus liberales donaciones. Y es así mismo el que, en Madrid, reduce a cenizas progresivamente nuestro derecho a la sanidad, transformándolo en un negocio tenebroso, donde poco importa cobrarse vidas. En este tipo de corrupción estructural, el cohecho (delito por el que un responsable público recibe beneficios a cambio de una acción u omisión en el desempeño de su cargo, y que suele adoptar la forma de contratación irregular) conforma su sentido más profundo. “No será probado que no son inocentes”, decía nuestro preclaro presidente en relación a la trama Gürtel, y que no habría estado tan desorientado si se hubiese referido a sí mismo y a la cúpula de su partido. ¿Pues no son todos inocentes hasta que se demuestre lo contrario? ¿Quién puede decir que se dona algo a cambio de qué? ¿Acaso se juzgan conciencias? ¿Y quién será su testigo? Y aunque asistimos a un régimen de expolio sistemático de todo lo que es común (desde la sanidad a la educación pasando por el agua), de todo lo que posibilita nuestra vida, este régimen, con su poder judicial en parte honrado, no encerrará a los culpables, a los máximos culpables.

Así es como entidades bancarias, constructoras, grandes grupos empresariales… adalides todos de la economía especulativa, hallan –y de no evitarse seguirán hallando– por los mismos caminos su nicho de negocio: a la sombra de una partitocracia incontrolada, cuya conciencia se escapa, cuyos testigos faltan, a la que compran financiando complacientemente sus fantasías de poder, sus campañas electorales, sus caprichos de bodorrio y cumpleaños, y perdonando las deudas que a ninguna persona de a pié perdonan. Y lo peor, lo más radicalmente corrupto, es que esta complicidad estructural de política y finanzas no devora únicamente dinero –algunos fondos públicos para meramente hacer cash–, sino algo mucho más esencial, lo más esencial en una democracia, devora derechos… Es un sistema irreformable, que sólo cabe abandonar.

Por mucho que los poderes establecidos, frente a los escándalos de corrupción y ante el descontento de la ciudadanía, prometan reformas, ¿quién puede ya creerles? Responsables de la crisis que promovieron, de la que se beneficiaron, y contra la cual no regularon, se hacen valer como la solución, idean regeneraciones y leyes de transparencia, a pesar de que no puedan soportar la mirada pública ni dos escasos minutos. Y por eso caerán.Echarles es fácil. Pero no se debe hacer de cualquier manera, sino de forma que no vuelvan: con una alternativa, con un acto soberano de la gente de la calle, que reorganice las instituciones, las relaciones de poder y la distribución de la riqueza: proceso constituyente es su nombre clásico. Y es que podemos y debemos derrocarles. Destituirles es el principio de algo nuevo. Y es nuestro derecho; es por nuestros derechos.

fuego de vida

Fuego de vida para romper cuando tu pareja no quiere

Las rupturas nunca son fáciles. Pero a veces hay que atreverse a dar el paso, incluso si tu pareja insiste en aferrarse a la relación.

No importa lo mucho que os amarais antes, si tu pareja se ha convertido en alguien con quien no quieres estar y has intentado todos los trucos pero nada funciona, es hora de ser honesto contigo mismo y admitir que es hora de seguir adelante. Pero, ¿qué pasa si esta decisión es completamente unilateral? ¿Qué pasa si tu pareja no está dispuesta a tirar la toalla?

Cómo ejecutar una buena separación

#1 Dale un mensaje claro. Debes encontrar un lugar y un tiempo donde puedas explicar a tu pareja la decisión que ha tomado de una forma clara, contundente y detallada. No puedes dejar ninguna puerta abierta a seguir en la relación, no puede haber ninguna simpatía excesiva, no pueden haber dudas. Suena cruel, pero hay que asegurarse de que quede claro que no hay opción a seguir con la relación tan pronto como sea posible, de lo contrario terminarás prolongando su dolor.

#2 Dale un motivo claro. Las primeras palabras que van a brotar de sus labios cuando anuncies la separación serán: “¿Por qué?” Y le debes una explicación completa y clara. Si es porque ya no sientes lo mismo, díselo. Si te has enamorado de otra persona, cuéntaselo. Si vuestra relación no te satisface y no hay solución posible, explícaselo. Puede que te odie por un tiempo, especialmente si es por la segunda razón, pero con el tiempo llegará a respetar tu honestidad y la cortesía que has tenido.  Cuéntale que has encontrado el amor en fuegodevida.com y se claro desde el principio.

#3 Sal de su vida rápido. Si vivís juntos, múdate inmediatamente. Alargar la convivencia de cualquier manera puede hacerle conservar esperanzas y a ti te impide empezar una nueva vida. Además, tú mismo puedes sucumbir a la tentación y estropear todo el buen trabajo hecho hasta el momento. Múdate a casa de un amigo o familiar temporalmente, es mejor pedir un favor que hacerle daño a tu ex y pasarlo mal tú también.

#4 No lo compartas con todo el mundo. Hay un terrible hábito entre la generación cibernética de dejar que la tecnología controle la vida. Una separación debe ser un cara a cara cosa por una cuestión de respeto. Así que hagas lo que hagas, no importa cómo os comuniquéis normalmente, por favor, resiste la tentación de enviarle un mensaje de texto o correo electrónico para hacer ruptura. Y, sobre todo, evita publicar en tus redes sociales lo que ha ocurrido para permitir que todos sus amigos y familiares lo sepan, esto le haría pasar mucha vergüenza. Nada podría ser más doloroso.

#5 No te inventes tus motivos. Una vez más, confiesa, sé honesto. Puede ser que no le guste lo que está escuchando, pero es mejor que seas honesto por adelantado, para que no haya malentendidos más adelante. Nadie quiere oír lo de “No eres tú, soy yo”, nadie. Nadie quiere oír una historia inventada sobre la muerte de un familiar que nos ha traumatizado. No inventes una excusa en la que le digas que realmente no le quieres dejar pero os acabaréis haciendo daño. Eso le dará esperanzas. Simplemente actúa con honestidad como el adulto que eres.

Una vez que te hayas liberado, lo primero que tienes que hacer es intentar hacer todos los contactos que puedas en la web: completa tu perfil y te darás cuenta de lo fácil que es conocer gente nueva aquí. Sigue este y otros consejos en sus redes sociales:

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ideales

Unos ideales para cada momento

Cuando una/o tiene la extraña perversión de leer la constitución, una de las primeras cosas que saltan a la vista es la sensación de que habla desde una época ya pasada. Esto se nota especialmente en las referencias a las cuestiones relacionadas con las funciones y los poderes de la monarquía. Las constituciones son al fin y al cabo la materialización de la victoria del poder liberal sobre el poder monárquico y así, asuntos como los derechos del individuo y la separación de poderes ocupan un lugar central en los textos constitucionales. Es como si al leerla, cerrando los ojos, se pudiera ver al fondo un cuadro del siglo XIX en el que la monarquía y la burguesía luchan por la hegemonía. Y es como si en la constitución española se dejasen sentir los ecos lejanos de esta pugna. Efectivamente, en la constitución española -a pesar de que constitución y monarquía estén asociadas- uno de los peligros del cual se defiende la estructura del Estado es del de la amenaza de la intervención de la corona en los asuntos de gobierno. Sin embargo hoy esta intervención ya no supone una amenaza real.

Se suele decir que la constitución española está alineada con los textos surgidos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Se suelen citar como influencias la constitución la italiana de 1947, la ley Fundamental de Bonn de 1949, la francesa de 1958 y en lo referente a la corona lo recogido en las constituciones sueca y holandesa; todas ellas resultado de los procesos acontecidos a lo largo del siglo XIX y principios del XX[1]. El único referente más contemporáneo sería el de la constitución portuguesa de 1976 en el que se toma el capítulo referido a los derechos y libertades fundamentales de un talante más actual. Así pues, el imaginario en el que se apoya el núcleo de la Constitución española de 1978 es el del contexto histórico de la primera mitad del siglo XX.  Pero las cosas han cambiado mucho desde entonces.

Ha cambiado la manera de entender la política, la manera de desarrollarse la economía, las maneras de construir vínculos sociales, las expectativas, los horizontes y las posibilidades  de lo común. Han cambiado muchas cosas. Han cambiado tantas que nuestro texto fundamental tiene dificultades para dar cuenta de los cambios alcanzados en la primera década del siglo XXI. Y no solo posee dificultades para dar cuenta de dichos cambios, sino para proteger a las sociedades, a las instituciones comunes, de unas amenazas que ya no son las que en otra época fueron. El peligro ya no está en la intervención de la corona en los asuntos de gobierno.

La financiarización de la economía y la consolidación de una clase política que imposibilita sus funciones de representación son dos de las manifestaciones actuales para las que la Constitución no tiene herramientas de control.

En ambos casos el escenario actual hunde, en cierta medida, sus raíces en los años setenta. En el caso económico en el escenario que se abre tras la quiebra del sistema de Bretton Woods surgido en el término de la Segunda Guerra Mundial y que se reconfigura en 1971 y con la crisis de 1973 instaurando una economía basada en el cambio flotante, propicio para la especulación y la separación de la economía financiera de la economía real. En el caso de la representación, con la transformación de los partidos políticos en entidades autónomas dirigidas a un arco electoral cuanto más amplio mejor y cuyo principal objetivo es el de su propia reproducción.

Las constituciones suelen establecer sistemas de equilibrio que permitan la convivencia de diferentes intereses (economía de mercado, planificación, subordinación de la riqueza al interés general…), pero la constitución no ha previsto un sistema que ejerza de contrapeso frente a los avances de las necesidades de la economía financiera. No existe tope. La C78 no tiene herramientas para hacer frente a los efectos nocivos de una economía basada en la especulación[2].

La imposibilidad de la representación tiene que ver con que la estructura de partido ya no es un medio sino un fin. El corte ideológico y de clase que pudo tener el proyecto de partido en sus inicios se ha visto sustituido por la transformación de este en una institución representante de una clase, la política, con sus intereses y necesidades autónomas. Así, la estructura de partido hoy tiene como principal objetivo su propia reproducción, permanecer, subsistir más allá de los múltiples cambios que acontezcan. Esta necesidad de perpetuación entra en conflicto en no pocas ocasiones con la función de traslación de la voluntad de sus representados y es difícil conciliar esta doble naturaleza. Frente a esta contradicción, de nuevo, la constitución, no presenta absolutamente ninguna herramental de control.

Y claro, de lo que sí no hay absolutamente ningún control es de las alianzas que se operan entre el poder financiero y la clase política, útiles mutuamente para perpetuarse. Ya vimos cómo los dos partidos mayoritarios se pusieron de acuerdo para una reforma que primaba las necesidades de los mercados financieros.

Así pues tenemos una constitución que tiene como referencias textos de finales de los años cuarenta cuando el sistema económico y político actual cristaliza en torno a los años setenta: se podría decir que la constitución formal -el texto escrito- ha quedado desfasada en relación con la constitución material -la relación de fuerzas que sostiene el propio pacto formal-. Estamos pues funcionando con unas reglas que están desfasadas y que, al no dar cuenta de los cambios operados, nos dejan obviamente en una desventaja permanente. Por eso es necesario un cambio profundo de reglas que permita disponer el marco normativo en beneficio de la sociedad, de todos nosotros. Y como esa transformación es difícil que se opere desde aquellas instituciones que hay que limitar, el cambio no puede surgir sino de entre nosotros, junto a quienes están a nuestros lados; con  nuestra capacidad de organizarnos, de decidir y de controlar a quienes nos representan para que efectivamente lo hagan.

La constitución no es una ley divina es una construcción, y por lo tanto ha de ser resultado de las transformaciones que se operan en el seno de las sociedades en las que se inserta. Decía Thomas Jefferson que debería haber una constitución para cada generación. En el caso de la del 78 solo las personas mayores de 53 años han tenido la posibilidad de votarla, lo que supone que el 70% de la población actual no lo ha hecho. Posiblemente no haga falta llegar tan lejos, pero sí al menos lo suficiente como para que el marco fundamental sea modificado tanto si el contexto lo requiere como si las personas lo demandan.

Y quizás haya llegado el momento de este cambio, el momento de poner en marcha un proceso cuyo objetivo no sea cambiar unos por otros, sino el de transformar las reglas del juego a través de una profundización democrática que tenga como principal consecuencia que podamos decidir sobre aquellas cosas que nos afectan y que podamos controlar a aquellos que deciden sobre aquellas cosas que nos afectan.

chica pesimista

El pesimismo

La situación es bastante sencilla de explicar: Hay un bloque institucional apuntalado por una mayoría absoluta del Partido Popular. En cualquier otra circunstancia no solo no estaríamos perdiendo derechos colectivos, estaríamos conquistando derechos nuevos. Los niveles de organización social y movilización son mayores que en los últimos 25-30 años Esa organización social y movilización es de dos tipos que se entrelazan: Uno es defensivo (Defender aquello que está amenazado) y otro es ofensivo (Construir y constituir nuevos derechos)

Ese bloqueo produce desanimo y dificultad para abrir un nuevo ciclo de movilización amplio. Sin embargo, ninguna de las movilizaciones en marcha, ninguno de los procesos organizativos profundos se ha detenido. O bien a mutado o bien se ha vuelto intermitente: La huelga de educación del pasado mes de Octubre, la continuidad de las movilizaciones de la Marea Blanca, la huegla de basuras en Madrid, las conquistas y fortalecimiento organizativo de la PAH o la aparición de otras experiencias como los bancos de alimentos así parecen indicarlo. Cuando no son procesos organizados son explosiones de una rabia ciudadanía radical y expresiva, el último ejemplo, el más cercano, la toma de Canal9 en Valencia.

Ese bloqueo tiene, además, grietas en distintos niveles: El jurídico (que ocasionalmente apuntala algunas victorias) el territorial, que se presenta como un asunto de necesaria resolución con toda su complejidad, y el electoral (con la aparición de dos fuerzas a la derecha que disputan espacio político al Partido Popular y juegan con una retórica que sale del marco izquierda- derecha)

Por tanto, el bloqueo no produce tan solo desanimo, sino también una ficción. Una imagen institucional del estado que no se corresponde a la realidad social. Mi hipótesis es que en los próximos dos años vamos a ver como esa distancia entre el estado-ficción y la realidad social se ajustan y dependiendo de ese ajuste tendremos una situación social u otra.

En los próximos dos años y medio tenemos tres citas electorales que marcarán la recomposición del marco institucional. De esos tres procesos electorales saldrá una nueva realidad institucional. ¿Que tipo de realidad institucional será? Depende casi en exclusiva de los movimientos y su capacidad para sincronizarse para desencadenar una nueva tormenta democrática. Es desde los movimientos desde dónde se está produciendo el léxico, los contenidos y las formas de la democracia. Creo que esto es lo más difícil de ver a dos años vista y desde la situación de bloqueo, pero es la clave de todo lo que está por venir: Es sobre los contenidos expresados estos últimos dos años en Plazas, redes, mareas, PAHs, etc, dónde se va a jugar la carta de la regeneración democrática. El motivo es simple y aterrador: El campo institucional a izquierda y derecha no tiene una sola idea propia. Ni un solo diseño que no sea parasitar lo social para regenerarse. Pero eso no quiere decir que no tenga capacidad para hacerlo. La situación de crisis es tan profunda y la angustia individual y colectiva tan grande que a partir de perversiones de los deseos existentes se puede reconfigurar el marco de la realidad y volver a determinar desde arriba que es lo posible y que no.

¿Regenerar la representación o construir la democracia?

Tengo la sensación de que hay dos escenarios posibles. En uno de ellos se recompone el marco institucional con un gobierno del PSOE con IU y uno de los nuevos actores de recomposición de la derecha institucional (Ciutadans y/o UpyD) se configura como el espacio que da la estocada al Partido Popular y le quita el monopolio de la derecha institucional. Sobre ese caldo de cultivo se construye un nuevo pacto institucional que intenta cerrar la situación de conflictividad abierta: Una nueva transición. Es difícil imaginar hoy sobre que bases sociales se sostendría el necesario nuevo consenso entre gobernantes y gobernados. ¿Cual sería el estado del bienestar que se nos vendría para comprar esa representación? La situación se vuelve infinitamente más complicada si pensamos que la escala de la negociación de derechos es europea.

En el otro escenario se constituyen una o varias propuestas organizativas que de forma sincronizada atacan la dimensión institucional colocando los elementos clave de la política de los últimos años en el centro de la propuesta y rompen (o abren) el escenario institucional de regeneración a partir de los elementos constitutivos de las luchas de los últimos años: Ruptura con el paradigma de la austeridad y el chantaje de la deuda, mayor representación y participación, control ciudadano de los agentes de representación política, blindaje y extensión de los servicios públicos, nuevos derechos, nuevas formas institucionales, etc.

¿Qué tipo de fuerzas?

Los movimientos sociales defienden la noción de “autonomía de lo social” es decir, que sea la esfera de lo social la que determine la esfera de lo político. Que la institución escuche de alguna manera a lo social. De alguna forma esa idea reconoce una representación institucional y dialoga con ella partiendo de una cierta desventaja. Desventaja en tanto se le concede al campo institucional el monopolio del poder institucional, dejando a los movimiento o bien el poder propio o bien la opinión pública.

Ante la crisis de la representación a escala mundial se han dado dos tipos de respuestas. Ha habido lugares dónde los partidos se han construido como “movimiento social”: Obama y su alianza con MoveOn o el uso del Yes We Can es uno de los mejores ejemplos, pero la retórica de Ciutadans o UpyD apela también a esa noción de fuerza organizada en lo social. El otro ejemplo es aquellos lugares dónde los movimientos se han compuesto como fuerzas institucionales. El ejemplo más fuerte sería la onda latinoamericana de nuevos procesos constitucionales.

En el juego entre esas dos tendencias se juega buena parte del presente y del futuro.

La paradoja, lo extraño, es que normalmente cuando un movimiento se plantea el salto institucional lo hace cambiando una lógica (La de organización social y material) por otra (la de representación) El desafío que afrontamos es no cambiar de lógica. Mantener la lógica de organización social y abordar la institucional en una clave nueva. Un movimiento con capacidad de autorepresentación no necesita la institución más que para bloquearla, desbordarla y democratizarla, etc.

¿De dónde partir?

El campo institucional se juega su recomposición dándole sentido propio a las palabras que la realidad social pone encima de la mesa para nombrar lo que le pasa. Como una especie de virus despotenciador, en el momento en que saltan al campo institucional pierden su fuerza y producen una distancia.  En el último año hemos visto como ese juego se desplegaba sobre tres lineas de movimiento: Independencia, Corrupción, Proceso Constituyente. Las tres han permitido ese proceso porque aún no tienen materialidad suficiente. Quizás se trata entonces de preocuparnos menos por los significantes (que son fácilmente apropiables) y centrarnos en la materialidad de la vida y en los derechos.

Tradicionalmente la “cuestión democrática” era cosa de los partidos mientras que la cuestión de los derechos era cosa de los sindicatos. Pero en un contexto en el que derechos y democracia están absolutamente entrelazados necesitamos espacios organizados que tengan elementos novedosos así como mezclas con muchas de las formas organizativas preexistentes.

¿Podemos pensar un movimiento por la democracia que se organiza como un sindicato- es decir, cambia la vida de las personas materialmente aquí y ahora- y aborda, además, la dimensión institucional? Creo que hay experimentos en esa dirección, me permito señalar los tres que conozco de forma más cercana: En Red, el Partido X y Alternativas desde Abajo.

¿Pesimista?

Mientras somos pesimistas el campo institucional trabaja para representarnos, para negarnos nuestra propia potencia. El optimismo no es la negación de lo límites ni la visibilización de los problema, sino el reconocimiento de una potencia y por tanto de una responsabilidad colectiva.

El pesimismo es el freno para retener los procesos de organización para cuando se produzcan los acelerones electorales. El pesimismo es, al final, que asumamos nuestra posición de gobernados antes los gobernantes, representados ante los representantes. No hemos aceptado la de endeudados, no hemos aceptado la de obedientes, no tenemos porque aceptar esta.

El optimismo es la confianza en la capacidad de organización, de expresión, de constitución de espacios nuevos y más potentes, múltiples y en su capacidad de sincronización. Nos dicen que se avecina el rescate político de la política, pero se avecina la tormenta perfecta de la democracia.